Las mujeres solemos comer más de la cuenta muchas veces por el hambre emocional.
Pondremos un ejemplo:
Acabas de comer y a la media hora te entra un hambre descomunal fuera de toda lógica. Abres la nevera y te hacer un sándwich poco saludable que engulles sin poder disfrutarlo. A los cinco minutos repites el proceso con otra cosa y, así hasta hartarte literalmente. Y piensas: «no pasa nada, mañana empiezo la dieta«, cosa que nunca va a suceder porque mañana es igual que hoy y así cada día.
¿Y esto cómo es posible, pensarás?
La respuesta es insatisfacción. Comes por insatisfacción. Tienes hambre emocional cuando sientes que no tienes el reconocimiento de tu pareja, de tus hijos…
Hay mujeres que engordan inconscientemente porque no soportan al marido. Por eso hacen dieta y no adelgazan. Su mecanismo de defensa es: me engordo así no me mira. Por eso, por mucho que lo intenten no les funciona.
Hacer dieta es un castigo para tu mente y tu cuerpo, además de como la función del cerebro es mantenerte a salvo, te envía el efecto rebote por si acaso vuelves a ponerte a dieta de nuevo.
Es importante saber diferenciar cuando nos apetece comer algo dulce porque has tenido un disgusto y vas a por el helado de medio kg que tienes en la nevera, o porque han pasado cuatro horas desde la última comida.
Cuando aprendes a detectar que tu hambre no es real si no que es emocional, podrás trabajar en ello y estarás orgullosa de respetar tu cuerpo y quererlo. Tu mente y tus órganos internos trabajan para ti, para tu bienestar incluso cuando duermes. Ahora la pregunta es: ¿qué puedes hacer tú por ellos?